Llevamos unas semanas sin encontrarnos por aquí.
Durante este tiempo, la vida me ha invitado a hacer espacio. A mover, revisar, ordenar y recolocar muchas de las cosas que me han acompañado durante años.
Y cuando digo cosas, me refiero a mucho más que objetos.
He tenido que pasar por mis manos buena parte de una vida. Abrir cajas, reencontrarme con recuerdos, descubrir cosas que llevaba años guardando y preguntarme, una y otra vez, qué quería seguir conservando.
Ha sido un proceso de mucho movimiento exterior, pero también de un profundo trabajo interior.
Porque, curiosamente, cuando empezamos a desprendernos de lo material, también podemos descubrir cuánto nos cuesta soltar aquello a lo que nos hemos vinculado emocionalmente.
Objetos que guardamos por lo que representan. Recuerdos que nos conectan con personas y etapas de nuestra vida. Cosas que conservamos por costumbre, por cariño o por esa sensación de que algún día podrían hacernos falta.
Y entre todo ese movimiento he vuelto a encontrarme con una pregunta que considero fundamental en nuestro desarrollo personal:
¿Cuántas cosas seguimos cargando simplemente porque un día aprendimos que debíamos conservarlas?
Me he dado cuenta de que hacer espacio requiere algo más que decidir qué se queda y qué se va. También implica darnos tiempo para integrar los cambios, agradecer lo vivido y permitir que cada cosa encuentre su lugar dentro de nosotros.
Y aquí aparece una reflexión que quiero compartir contigo.
Así como acumulamos objetos a lo largo de nuestra vida, también podemos acumular creencias, miedos, responsabilidades y formas de actuar que un día aprendimos y que seguimos llevando con nosotros casi sin cuestionarlas.
Algunas nos han ayudado a crecer. Otras quizá empiezan a pesar más de lo que nos aportan.
Y precisamente de eso quiero hablarte esta semana.
¿Cuánto de lo que vives hoy comenzó mucho antes que tú?
Aprendemos mucho antes de comprender
Desde pequeños observamos cómo se vive en nuestra familia.
Aprendemos qué ocurre cuando alguien se equivoca, cómo se expresa el cariño, quién cuida de quién, cómo se afrontan las dificultades, qué significa tener éxito, cuánto espacio se permite al disfrute o qué sucede cuando alguien decide tomar un camino diferente.
Muchas de estas experiencias pueden convertirse en creencias, roles y maneras de relacionarnos que llevamos con nosotros durante años.
Puede que crecieras escuchando que había que trabajar muchísimo para salir adelante.
También es posible que aprendieras que preocuparte por los demás era una forma de querer.
En tu familia, tal vez disfrutar siempre venía después de cumplir con todas las obligaciones.
O puede que aprendieras que, para sentirte segura/o, necesitabas tenerlo todo bajo control.Aquello pudo tener sentido dentro de tu historia.
La pregunta ahora es:
¿Sigue teniendo sentido para la persona que eres hoy?
Comprender nuestra historia también nos devuelve libertad
Mirar nuestro árbol familiar puede ayudarnos a comprender de dónde proceden determinadas formas de estar en el mundo.
Y comprender es diferente de buscar culpables.
Nuestros padres también tuvieron padres. Ellos aprendieron maneras de afrontar la vida dentro de sus propias circunstancias, con sus recursos, sus pérdidas, sus miedos y sus experiencias.
Cuando empezamos a mirar nuestra historia desde este lugar, algo puede cambiar.
Podemos agradecer aquello que nos ha ayudado a llegar hasta aquí y comenzar a revisar lo que hoy limita nuestra forma de vivir.
Comprender de dónde vienes puede ayudarte a elegir cómo quieres continuar.
Tu vida también merece ser disfrutada
Hay algo que me parece especialmente importante cuando hablamos de nuestra historia familiar: respetar el proceso de cada persona.
A veces queremos que nuestra pareja cambie, que nuestros padres comprendan algo, que nuestros hermanos actúen de otra manera o que alguien cercano haga el mismo proceso que estamos haciendo nosotros.
Y mientras miramos lo que los demás deberían transformar, podemos alejarnos de nuestro propio camino.
Cada persona tiene su historia, su momento y su ritmo.
Nosotros podemos ocuparnos del nuestro.
Podemos aprender a confiar, permitirnos disfrutar, abrir espacio al placer, descansar, elegir aquello que nos hace bien y vivir con mayor presencia mientras las personas que queremos recorren su propio camino.
Respetar el proceso del otro también significa dejar de abandonar el nuestro.
Una pregunta para esta semana
Piensa en alguna frase que hayas escuchado muchas veces dentro de tu familia.
Sobre el amor, el dinero, el trabajo, la felicidad, las relaciones entre hombres y mujeres, la seguridad, el éxito, el sacrificio o el disfrute de la vida.
Y pregúntate:
¿Esta manera de entender la vida sigue siendo mía?
Después completa esta frase:
«En mi familia aprendí que… y hoy quiero permitirme…»
Quizá ahí aparezca una pequeña pista.
Hacer espacio también es una forma de avanzar
Quizá hoy, mientras lees estas palabras, también haya algo en tu vida que esté pidiendo espacio.
Una creencia que empieza a quedarse pequeña. Una responsabilidad que llevas demasiado tiempo sosteniendo. Un miedo que te impide disfrutar plenamente de lo que tienes delante.
Y tal vez puedas empezar a mirarlo con la misma pregunta que me ha acompañado durante estas semanas:
¿Quiero seguir llevándolo conmigo o ha llegado el momento de darle otro lugar en mi historia?
Porque soltar también puede significar agradecer lo vivido y permitirnos continuar más ligeros.
Quédate con esto
Puedes honrar tu historia sin tener que repetirla.
Comprender de dónde venimos puede ayudarnos a mirar con mayor conciencia aquello que hemos aprendido y decidir qué queremos conservar, qué queremos transformar y qué queremos empezar a vivir de una manera diferente.
Porque nuestra vida también está aquí para ser vivida.
Para confiar. Para disfrutar. Para relacionarnos. Para descubrir. Para equivocarnos. Para descansar. Para sentir placer. Para crear nuestro propio camino.
Y quizá ocupar nuestro lugar empiece precisamente ahí:
Respetando la historia de quienes estuvieron antes, respetando el proceso de quienes caminan a nuestro lado y haciéndonos responsables del nuestro.
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En HUELLAS abrimos un espacio para explorar nuestra historia familiar, observar patrones, creencias y roles que pueden seguir influyendo en nuestro presente y comenzar a relacionarnos con ellos desde una mirada más consciente.
Un encuentro para comprender lo que hemos aprendido, reconocer los recursos que hemos recibido y descubrir nuevas posibilidades para vivir nuestro propio camino.
Comprende tu historia. Ocupa tu lugar. Vive tu camino.
Nos encontramos la próxima semana en 5 minutos contigo.
Con cariño 🙏🏼💛💫
Cristina Páez Bandera
Cris Karuna — Espacios de calma y transformación